El nuevo álbum del músico andaluz, publicado por Ernie Records, reúne once canciones directas y narrativas compuestas entre sus recientes trabajos para el cine.
Tras los adelantos de ‘Perorata’ y ‘El no por delante’ y ‘Pamema‘ Julio de la Rosa presenta ‘Las malas hierbas’, su nuevo trabajo discográfico. Un álbum de once canciones que observa de cerca esas pequeñas tensiones que crecen en las relaciones personales: la envidia, el desencanto, las verdades incómodas que preferimos no mirar de frente y esos gestos cotidianos que, con el tiempo, terminan revelando mucho más de lo que parecía al principio.
El título del disco nace de una escena doméstica. Mientras le leía a su hija pequeña El libro de la selva, se topó con la frase «te enseñaré a reconocer todas las flores del mundo». Julio levantó la vista del libro y añadió: “y también las malas hierbas”. Esa idea – la de aprender a distinguir lo que crece a nuestro alrededor, no solo lo que queremos ver- terminó dando nombre a un conjunto de canciones que miran con lucidez a las relaciones humanas.
En ‘Las malas hierbas’ aparecen personajes que llegan tarde y hablan demasiado, amistades que esconden cierta envidia, relaciones que se revelan como una ilusión o pequeñas derrotas que obligan a tomar distancia. Las canciones no buscan dramatizar estos conflictos, sino observarlos con una mezcla de ironía, claridad y una cierta mala leche que atraviesa todo el disco.
El álbum ha sido compuesto en paralelo a algunos de los trabajos cinematográficos más recientes del artista. Entre ellos se encuentra la banda sonora de Los Tigres, dirigida por Alberto Rodríguez y por la que Julio de la Rosa fue nominado al Premio Goya a Mejor Música Original. Se trata de la quinta nominación de su trayectoria, tras las obtenidas por Grupo 7, La Isla Mínima —con la que ganó el Goya—, El Hombre de las Mil Caras y Modelo 77. También durante este periodo ha trabajado en la música de El Potro, dirigida por Daniel Calparsoro.
Lejos de separar ambos mundos, la experiencia en el cine ha terminado influyendo en la manera de construir estas canciones. Hay una atención especial al ritmo del relato, a la economía de elementos y a la claridad de cada escena. Cada canción parece avanzar con una intención narrativa precisa, como si cada verso formara parte de una pequeña historia.
En lo musical, Las malas hierbas propone un gesto inesperado: es, en cierto modo, un disco de rock sin guitarras. En lugar de apoyarse en los instrumentos habituales del género, el álbum está construido principalmente a partir de pianos eléctricos, órganos y otros timbres menos frecuentes en ese territorio sonoro. El resultado es un sonido elegante y muy centrado en la voz y en la canción.
Este planteamiento no resta energía al conjunto; al contrario, le da una identidad muy particular. Las canciones avanzan con un pulso firme, sostenidas por arreglos precisos que evitan el exceso y dejan espacio a las historias que cuentan. La producción apuesta por la contención antes que por la espectacularidad, reforzando el carácter directo del disco.
El formato físico de ‘Las malas hierbas’ también está ya disponible; un vinilo que destaca visualmente por la propuesta artística que presenta, a cargo de Guillermo Arias. Publicado por Ernie Records, el disco confirma un momento creativo en el que el músico andaluz combina su consolidada trayectoria como compositor cinematográfico con una mirada cada vez más afilada sobre la canción. Un álbum sobrio y directo que pide una escucha atenta y que llega para recordar algo sencillo: en cualquier jardín, tarde o temprano, siempre aparecen las malas hierbas.
